IMPORTANCIA ESTRATÉGICA DE LAS ELECCIONES EN PERÚ:
MÁS ALLÁ DE LA CONFRONTACIÓN DE VISIONES GEOPOLÍTICAS Y DE INTERESES REGIONALES

di Lincoln Bizzozero

En estos días se estará proclamando a Pedro Castillo por parte de la Junta Nacional Electoral y asumirá como Presidente el día de su bicentenario de vida republicana, el 28 de julio. Tendrá entonces muy poco tiempo para enfocarse en articular el proceso de transición con la administración del presidente actual, Francisco Sagasti. Una cantidad de denuncias no constadas y murmullos virtuales de generación de relatos para ganar un espacio político deslegitimador de la victoria de Pedro Castillo y sobre todo de negación de los derechos políticos y sociales de campesinos, pueblos nativos y ciudadanos peruanos ha sido una constante desde que los resultados electorales se fueron confirmando.
La importancia de estas elecciones y las controversias que se fueron generando conciernen en parte a la historia, la importancia geopolítica y geoeconómica, a la dimensión social y humana y a la polarización que se fue generando entre un Perú marítimo concentrado sobre todo en Lima y un país andino y amazónico.

Las elecciones para Presidente: un Perú en mitades y polarizado

Las elecciones presidenciales que se llevaron a cabo el día 11 de abril dejaron en carrera para el balotaje que se llevó a cabo el 6 de junio a Pedro Castillo del partido Perú Libre y a Keiko Fujimori de Fuerza Popular. Los porcentajes alcanzados en esa primera vuelta de las elecciones, los personajes y los partidos que encabezaron mostraron varios elementos y factores que delinearían el balotaje que se llevó a cabo en junio. Los porcentajes alcanzados entre los dos sumados, que pasaron al balotaje, apenas superaban el 30 por ciento de los votos, lo cual mostraba una extrema dispersión del electorado. Esta dispersión confirma una profundización de la fragmentación del sistema político en Perú, que se expresa en el Congreso. En las elecciones del 2016 seis partidos lograron superar el mínimo requerido para representar al ciudadano, mientras que, en las elecciones del año 2020, por la disolución constitucional del Congreso, fueron nueve y este año ingresaron diez fuerzas políticas.
Pedro Castillo alcanzó poco más del 19 por ciento de los votos mientras que Keiko Fujimori el 13 por ciento. Una semana antes de las elecciones, había un empate técnico entre cinco candidatos que rondaban el 10 por ciento de votos y no estaba en ese pelotón Castillo que ni siquiera figuraba con posibilidades. Castillo no tenía un pasado como político y su figura surgió desde la trinchera sindical cuando canalizó las reivindicaciones de los maestros en una huelga del magisterio en el año 2017. Durante 75 días más de un cuarto de millón de maestros siguieron las orientaciones de Castillo, quien, desde las bases regionales del Sindicato Unitario de Trabajadores en la Educación, cuestionaron la orientación de la dirigencia. Castillo además de maestro en el departamento de Cajamarca, forma parte de las rondas campesinas que surgieron en los años setenta del siglo pasado para suplir la poca presencia del Estado en materia de seguridad. Esas credenciales solas no serían suficientes para catapultar a un postulante a la presidencia si no fuera por el descrédito de la clase política que se expresa en que varios presidentes han estado involucrados en casos de corrupción. Los casos más relevantes son los de los expresidentes Alan García quien se suicidó antes de ser detenido, Alejandro Toledo, quien se encuentra en Estados Unidos prófugo de la justicia, Kuczynski y Ollanta Humala quienes enfrentan procesos de corrupción, Martín Vizcarra por el caso Odebrecht y Keiko Fujimori quien enfrenta un juicio por lavado de activos, además de otros que se le abrieron con una perspectiva de treinta años de prisión. Hay en estos casos una síntesis de la clase política que atañe la capital y renueva la dicotomía entre el espacio andino y el costero y sobre todo capitalino. Esta dicotomía que se arrastra desde la época colonial se expresó en la primera vuelta de las elecciones y en el balotaje. Es ilustrativo al respecto que Perú Libre, partido que propulsó a Castillo como presidente haya ganado en quince departamentos, entre los cuales todos los andinos. Y también es ilustrativo que en Lima haya triunfado Rafael Aliaga, propulsado por el partido Renovación Popular, representante más claro en su mensaje como ultraconservador y enfáticamente contrario a la nueva agenda de derechos y a legislar con una perspectiva aperturista sobre el aborto y el matrimonio.
La primera vuelta dejó para el balotaje final por tercera vez a Keiko Fujimori. El rechazo a su candidatura por su vinculación con el período oscuro fujimorista y las violaciones de los derechos humanos llevó a que perdiera las dos veces anteriores que se presentó a pesar de una base importante de apoyo que en la confrontación del 2016 había rondado el 40 por ciento de los votos. En esta ocasión, al rechazo que su candidatura ocasiona en amplios sectores llevó a que su partido fuera votado solamente por un 13 por ciento del electorado La pérdida de votos de Fujimori tiene varios factores, pero uno relevante es el descrédito de Keiko por los procesos pendientes que atañen el lavado de activos y otro por su actuación negativa en la legislatura anterior. Parte de los votos que canalizó en su momento el fujimorismo fueron para el Partido Renovación Popular (ultraconservador) y para el Partido Avanza País liderado por Hernando De Soto vinculado con las propuestas de liberalismo más radicales. Esta fragmentación de los partidos de derecha terminó favoreciendo a Keiko Fujimori quien finalmente pasó a definir el balotaje con Castillo. Al quedar confrontados Castillo y Fujimori quedaron expuestos dos Perú diferentes: el andino y el limeño, y también una expresión de izquierda con un modelo conservador de derecha. Desde una perspectiva de países desarrollados sería difícil entender el apoyo a Fujimori implicada en procesos por lavado de activos además de justificar las violaciones de los derechos humanos cometidos durante la presidencia de su padre. Sin embargo, el tener a Pedro Castillo como adversario, maestro andino apoyado por un partido marxista, aunque él mismo no lo sea, llevó a que la derecha, en su mayoría, tomara la opción de apoyar a Fujimori sin medir las consecuencias de esa decisión.
Es así en el caso de Vargas Llosa que ha apoyado a Fujimori porque la opción es, según su visión, ente la libertad y democracia y el autoritarismo de una Cuba o Venezuela. Este soporte que inicialmente se tradujo en señalar su posición fue derivando cada vez más a desoír el veredicto de las urnas y sostener el pedido de anulación de votos de regiones andinas por supuesto fraude no comprobado; instar a una intervención auditada de organizaciones externas, hasta recientemente, cuestionar al Presidente Sagasti por tomar partido y buscar deslegitimar a Castillo haciendo presión sobre el órgano electoral. Todo esto sin contar que revelaciones recientes muestran la injerencia del siniestro personaje del gobierno de Fujimori, Montesinos, en orientar a asesores de Keiko para incidir en el Jurado Nacional de Elecciones y en las Fuerzas Armadas para impedir la proclamación de Pedro Castillo.
El balotaje finalmente dictaminó una nueva derrota de Keiko Fujimori y la concomitante victoria de Castillo por un margen ínfimo de 50,12 por ciento contra 49,87. El lento proceso de definición para proclamar al presidente por parte de la Junta Nacional Electoral se debió a la cantidad de impugnaciones presentadas que demoraron el trabajo ya sea por los tiempos administrativos como por la investigación de contenido de las actas. Y en las impugnaciones se buscó por parte de los asesores de Fujimori el descarte de unos 200 mil votos de regiones andinas, por distintas cuestiones que alimentaron ideas de fraude sobre la base de declarar la existencia de “votos dirigidos” y “votos comunitarios” y por ende de menor valor para movilizar adherentes fujimoristas en Lima.

El entramando de Perú: dimensión geopolítica y social.

La polarización mostrada entre dos Perú que se reflejó en las elecciones recientemente realizadas tiene un componente histórico que se expresa geopolíticamente: Lima fue capital del Virreinato de Perú, que se extendió por casi toda América del Sur hasta la creación en el siglo XVIII de los virreinatos de Nueva Granada en 1717 y del Río de la Plata 1776. Lima fue entonces durante dos siglos la referencia política y administrativa de la Corona española en América del Sur. Por otra parte, en esos siglos se fueron gestando intercambios comerciales entre los dos virreinatos, la Corona española y Asia, siendo los puertos del Callao y Acapulco los principales referentes por el lado americano y Manila en Asia. Además del significado político, administrativo y económico, el fuerte de El Callao fue conjuntamente con el de Montevideo, el de Santiago de Cuba y el de San Blas de Nayarit uno de los bastiones militares defensivas de la Corona española frente a los avances cada vez más amenazantes de la armada británica y también de buques franceses.
Esas breves referencias históricas resultan importantes para visualizar en parte esta polarización entre Lima (ni siquiera en la franja costera) y el resto del país que incluye la región amazónica y la andina. Es así tanto territorialmente como demográficamente y en la contribución del PBI nacional. Es que Lima con sus nueve millones y medio de habitantes representa casi el tercio de la población total del país. La región costera congrega el 58 por ciento de la población, aunque signifique solamente el 11 % del territorio nacional, mientras la región amazónica que abarca el 60 por ciento de Perú cuenta con un 13,9 % de la población total y la sierra significa demográficamente un 28,1 por ciento y el territorio representa un 29 por ciento. Perú cuenta con una población mayoritariamente mestiza en un 47 por ciento, con un componente importante de pueblos nativos (32%) y un 18 por ciento de población blanca y un componente minoritario afro, chino y japonés.
Las diferencias entre las regiones se plantean también en el Perú geopolítico y geoeconómico y las alternativas en materia de desarrollo. Perú tiene un litoral de más de tres mil kilómetros y la extensión al territorio oceánico le significan un millón de kilómetros cuadrados de soberanía marítima que se agregan a la superficie terrestre 1.285.215 kilómetros cuadrados. La importancia de la costa y de Lima en particular atañe esa región marítima en sus riquezas, en el comercio y los intercambios y también crecientemente en el cuidado ambiental.
El cuidado ambiental resulta una cuestión de alta sensibilidad en la región amazónica, que también resulta de alta importancia geopolítica y geoeconómica. La región amazónica es fundamental para la salida atlántica del Perú y como pasaje de dos vías binacionales con las que se cuenta con Brasil para el transporte bioceánico. Es esta ubicación central de Perú en América del Sur y su condición de socio amazónico el que ha llevado a que Brasil hay concretado una asociación estratégica. Finalmente, la región andina resulta relevante por su importancia en minerales, por los cultivos y porque es en esa región que nacen los ríos, incluido el Amazonas. Y hablar de la importancia de los minerales e hidrocarburos y del transporte binacional es tocar también el entorno ambiental de comunidades nativas y de regiones campesinas. El Perú entonces tiene desafíos que surgen de su historia y que se reflejan en este momento presente en que por primera vez un ciudadano oriundo de la región andina retoma algunos reclamos de las comunidades nativas, del campesinado y las busca articular con reivindicaciones políticas y sociales para cambiar la Constitución fujimorista y dar más espacio a la participación de regiones y sectores postergados.

Un presente político de fakes y deslegitimador

La proclamación de Pedro Castillo refrendará entonces ese Perú político polarizado y también fragmentado, lo cual originará mucha inestabilidad ya que el Congreso se ha transformado en el principal eje de referencia. De ahí que, si bien los reclamos y recursos introducidos por Keiko Fujimori han sido desechados por la Junta Nacional Electoral, ha ido creciendo un relato de fraude, de elecciones digitadas, de poblaciones manipuladas, de votos digitados, de injerencia cubana-venezolana, que buscan deslegitimar la victoria de Castillo. Y esta deslegitimación, que se asienta en relatos que socavan los procesos políticos y sociales y las propias historias de las comunidades, parte del cuestionamiento a las distintas instituciones sobre los cuales se afirma la República y con ello se erosiona la propia identidad nacional.
Es que este camino de cuestionamiento del voto, de las instituciones que salvaguardan el pronunciamiento popular y de otras instituciones que hacen al funcionamiento republicano contiene varias amenazas que se han manifestado en ocasión del golpe institucional en Brasil a Dilma Rousseff, en el caso de Paraguay con Lugo, en la toma de la presidencia por Añez en Bolivia.
Las amenazas refieren a las propias instituciones republicanas y con ello afectan la convivencia democrática, pero también en la medida que caen esos pilares, afecta a los sectores y regiones vulnerables, posibilitando el retorno de conflictos (y heridas) civilizatorias y hasta religiosas como se expresaron en Bolivia o bien de persecución de minorías étnicas o de pensamiento diferente. Y estas amenazas sin contar con la falta de mediación del sistema político, porque el mismo dejaría de tener su legitimidad.

Perspectivas: ¿Es posible un gobierno con gobernabilidad?

El Congreso que surgió de las votaciones tendrá diez partidos por lo que necesariamente deberán negociar con vistas a articular acuerdos de mínima, a los efectos de otorgar gobernabilidad al Presidente. Pedro Castillo contará en el Congreso con el apoyo de los 37 representantes de Perú Libre, los cinco de Juntos por el Perú de Verónika Mendoza, los tres del Partido Morado y representantes de Acción Popular y de Alianza para el Progreso que cuentan con dieciséis y quince representantes respectivamente y que se ubican en el centro derecha del espectro político. A su vez Castillo ha estado dialogando con Forsyth para conseguir un apoyo de su partido que tiene cinco representantes con la coalición Somos Perú.
Castillo tendrá una oposición de los partidos Fuerza Popular que cuenta con 24 congresistas, los trece de Renovación Nacional y posiblemente los siete representantes de Avanza País, más los cinco de Podemos Perú y algunos de Acción Popular y Alianza para el Progreso. Por ende, Castillo se encontrará en una situación delicada para gobernar y buscar llevar adelante la reivindicación de la Constituyente para concretar una nueva Constitución. La historia reciente en América Latina ha visto la aprobación de nuevas constituciones sobre bases diferentes que incluyen derechos políticos, sociales, económicos y culturales y la consideración de derechos ancestrales de comunidades nativas como han sido los casos de Bolivia, Ecuador y Venezuela. Por otra parte también en Chile, la efervescencia popular y ciudadana para incluir derechos (educación, salud y vivienda), el reconocimiento de pueblos nativos (mapuches especialmente) y terminar con prebendas y situaciones heredadas (Constitución de la época pinochetista), ha provocado un provocado un proceso de cambios con la elección de una Asamblea Constituyente con representantes vinculados a las reivindicaciones sociales y de los pueblos originarios.
En la historia latinoamericana las elecciones peruanas dejan también su huella de enseñanza en relación a las perspectivas reformistas y al diálogo entre regiones y comunidades. Claro que también hay fuerzas conservadoras, sobre todo y no exclusivamente en la región costera y en la capital. El cambio político en Estados Unidos con la asunción de Biden ha derivado en un mensaje interamericano a denostar los supremacistas blancos y a reivindicar las instituciones republicanas. Y en ese sentido ha apoyado el proceso electoral en Perú garantizando su transparencia contrariamente a las denostaciones de los partidarios duros del fujimorismo.
Como las evoluciones en un mundo político global se expresan localmente, seguramente tendremos un gobierno de Castillo, pero factiblemente se siga cuestionando su legitimidad, por lo que la gobernabilidad resultará extremadamente difícil.

Referencias bibliográficas:

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